lunes, 7 de septiembre de 2009

BATANIA / NEORRABIOSO: Doce formas científicamente probadas de suicidarse

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.Batania, mirada neorrabiosa, preocupado porque el tiempo transcurre como caracol de doble cilindrada y no hay poeta que se atreva a suicidarse, de tal forma que el último que lo hizo es alcanfor y moho de enciclopedia; no hallando mejor señal que ésta para comprobar la ramplonería y vuelo gallináceo de nuestra época, en que la vida es tan poco interesante que nadie piensa en quitársela; y profundamente inquieto ante la posibilidad de que la falta de práctica y conocimiento del suicidio impida a las nuevas generaciones de poetas ejecutar aquello que les elevaría inmediatamente a la gloria, ha confeccionado esta pequeña lista de suicidas para que el poeta con querencias pueda concluir un trabajo bello, eficaz y perfecto como un soneto sin estrambote.

1.VENENO. Utiliza arsénico, como Thomas Chatterton; estricnina, como Mario de Sá Carneiro, o cicuta, como Leopoldo Lugones. No suele fallar.

2. BARBITÚRICOS. Como Sara Teasdale, Jon Mirande, Florbela Espanca, Antonia Pozzi o Carlos Obregón. No se recomiendan sino tomados en grandes cantidades. Pavese, que se tomó dieciséis frascos de somníferos, o Alejandra Pizarnik, que se tragó cincuenta pastillas de Seconal, son los modelos que debes seguir.

3. BALA. Seguridad total. Así murieron Periclís Yanópulos, Vladimir Maiakovski, José María Arguedas o Jaime Torres Bodet. Lo mismo da dirigir el revólver hacia la boca, como hizo Heinrich von Kleist; hacia la sien, como Francisco López Merino o Wolf von Kalckreuth, o hacia el corazón, como murió Jacques Rigaut. Parece una exageración innecesaria lo de Antero de Quental, al que le dio tiempo a dispararse dos veces. También se recomienda la fina ejecución de José Asunción Silva, que, antes de apretar el gatillo, colocó una esponja al costado de su frac, para evitar que la sangre le manchara la pechera.

4. AGUA. Tírate al Mar del Plata, como Alfonsina Storni; al Océano Atlántico, como Hart Crane: al río Misissippi, como John Berryman, o al Sena, como Paul Celan. No te tires si sabes nadar: ese detalle se le escapó a Costas Cariotakis, que hubo de recurrir al revólver después de estar diez horas intentando ahogarse en el Mediterráneo. También se recomienda lanzarse cuando no haya gente a la vista en la cubierta del barco o en los pretiles de los puentes. Ganivet fue salvado la primera vez que se arrojó al río Duina, y hubo de aprovechar un descuido de sus salvadores para arrojarse por segunda vez y lograr el objetivo.

5. CUERDA. No suele fallar si te cuelgas con manos expertas, como las de Maria Tsvietáieva, Tor Johnson, Jens Bjorneboe o Sergei Esenin. Siempre le puedes añadir un detalle de estilo, como el de Gerard de Nerval, que se ahorcó de una farola con el sombrero puesto.

6. VACÍO. No falló con Beppe Salvia. Tampoco con Justo Alejo o con José Agustín Goytisolo, que se tiraron de un tercero, pero no se recomienda hacerlo desde esa altura porque corres el riesgo de quedarte solamente parapléjico. Si eliges esta opción, hazlo de un octavo para arriba.

7. GAS. De gran eficacia con René Crevel o con Sylvia Plath, a la que le dio tiempo de poner leche y galletas para sus hijos antes de meter la cabeza en el horno.

8. ANHÍDRIDO CARBÓNICO. Sólo funciona en espacios muy cerrados, como el garaje en el que se suicidó Anne Sexton. Si lo haces en un espacio abierto, conviene hacer lo de Alexis Traianós, que conectó su boca y el tubo de escape de su coche con una manguera.

9. RAÍLES. No te fallarán, como lo sabe Luis Hernández, que se arrojó a los del metro de Buenos Aires. Es cierto que fracasaron en primera instancia con Attila József, pero fue porque tuvo la peor suerte del mundo: el tren se detuvo porque otra persona se arrojó a las vías unos metros antes.

10. VENAS. No se recomienda porque no suele ser definitivo y cuando lo es se tarda mucho en morir. Que se lo cuenten a Fabrice Graveraux, que para alcanzar el objetivo hubo de huir sangrando de una multitud que le perseguía para salvarlo.

11. DESINFECTANTE. Así consiguió morir Vachel Lindsay, a falta de mejores remedios. No se recomienda, porque las porquerías que usamos para limpiar los suelos saben fatal.

12. VARIOS. La macedonia de recursos siempre resulta. Karoline Günderode se clavó un puñal y después se arrojó al mar; Peiv Yávorov tomó veneno y después se disparó en la cabeza; George Trakl falló en el disparo y murió por sobredosis de cocaína; José Antonio Sucre fracasó con el Veronal pero acertó tomándose a granel otros barbitúricos; Gabriel Ferrater se atiborró a frascos y por si acaso se ató una bolsa de plástico a la cabeza.


Se recomienda a los poetas que tomen nota y se animen a intentarlo. Cualquier tristeza en calderilla o depresión menchevique puede ser buena para tomar medidas urgentes. Todo sea para garantizarnos una inmortalidad que ya empezamos a dudar que se pueda conseguir con versos como los nuestros.

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*Los datos para hacer este artículo festivo están extraídos de "Antología de poetas suicidas", José Luis Gallero, Ardora Ediciones, 2005, 349 págs.
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