domingo, 24 de marzo de 2013

La intermitencia de los faros, de NATALIA CASTRO


De la que firma este libro como Natalia Castro me enamoré leyendo pedazos de su blog “Bill Gorton, taxidermista”, cada noche un pedazo, sólo por sus pensares de niña curva y su manera de ir desordenando las palabras, igual que Patti Smith se enamoró de Rimbaud y la condesa Hanska de Balzac. Más tarde logré acercarme a ella hasta hablarla y, en pleno ascenso de vino y fuego, llegué incluso a tocarla y besarla (y otras cosas que llevan dos rombos), al punto de que nos convertimos en una de las parejas más pesadillescas de las que se tiene noticia en Madrid, hasta acabar hasta la punta del iceberg el uno del otro, colmados de celos y reproches de quince colas. Pues bien: anoche me puse a leer con mi máquina de rencores y Natalia-nunca-más el libro que ha publicado, su primer poemario “La intermitencia de los faros”, y me volvió a suceder lo de siempre, que antes de llegar a la página cuarenta ya me estaba enamorando. Qué crack de escritora, siempre lo he dicho, hablo sobre todo de sus prosas, recuerdo que decía Valery que “la sintaxis es una facultad del alma”, y ella tiene esa facultad de meter un círculo dentro de un cuadrado para encofrar una prosa viva, poética, redondísima, qué artista, si es que yo la vi primero, normal que me colgara de esta chica.