domingo, 9 de julio de 2017


Publicabas poemas malos y eras feliz sin saber que eran malos, pero fue adquirir conciencia artística y llegar la catástrofe: a partir de entonces empezaste a reconocer de inmediato que tu poema era malo, que muchos de tus poemas antiguos también eran malos, y te vino a la cabeza la ocurrencia de escribirlos en adelante solo buenos, con lo que apareció el bloqueo y tu producción empezó a enflaquecer al mismo ritmo que tu ánimo se atristaba. Solo años después te diste cuenta de que escribías mayor número de poemas decentes cuando te importaba cero escribirlos malos, y entonces te vino la idea quizá no del todo estúpida de que los poemas malos son tan necesarios como los buenos. Tanto que ahora te gusta decir: “Este poema tuyo es tan bueno que no quiero ni imaginarme el número de poemas malos que te habrá costado”.