miércoles, 15 de noviembre de 2017


Solo pensar en lo que se ha convertido España en los últimos años, en el acabamiento despacioso al que se dirige este país, en el rebrote del más cateto nacionalismo, en la huida de algunos de los mejores jóvenes a Europa, o en que vamos a tener a Rajoy por los siglos de los siglos, genera en mí un deseo de marcharme a un lugar más vibrante y abierto, más solidario y con más posibilidades de equivocarse. Pero pronto una voz muy cruel que vive en mí me convence de lo contrario: “No vayas a ningún sitio –me dice esa voz–, Batania, porque tú no tienes nada que ver ni con España ni con Madrid, ni siquiera con Carabanchel, y tampoco tendrás nada que ver con ningún lugar del mundo adonde vayas, porque a ti no te gusta vivir, a ti te gusta aislarte; y la gente solo te interesa para salvarte de ella. ¿Cómo te vas a marchar de un lugar donde nunca has estado? ¿Cómo vas a dejar a unas gentes que no has querido conocer?”.